Artículo de Franca Giansoldati en Il Messaggero, Oct-23-2026.
Vaticano, prohibido el ingreso a San Pedro de los tradicionalistas de la misa en latín: tensión por la procesión de mañana
Franca Giansoldati
viernes 23 octubre 2026
Corre el riesgo de convertirse en un pulso con las autoridades vaticanas la peregrinación anual de los católicos tradicionalistas ligados a la Misa en latín celebrada según el Misal de 1962, la última edición promulgada por Juan XXIII antes de la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II. Mañana por la mañana, varios cientos de fieles, llegados a Roma desde diferentes países, deberían llegar en procesión a la Basílica de San Pedro para venerar las reliquias del apóstol. Pero esta vez, según informaron los organizadores, la Secretaría de Estado habría comunicado la prohibición absoluta de entrada al Vaticano, provocando desconcierto y abriendo interrogantes sobre lo que podría suceder a la llegada del cortejo.
La decisión parece aún más difícil de comprender para los promotores porque, hace menos de tres meses, el entonces arcipreste de la Basílica Vaticana, el cardenal Mauro Gambetti, había autorizado mediante una carta una breve celebración en uno de los altares laterales.
Un permiso que parecía garantizar, como en años pasados, el desarrollo regular de un evento organizado desde hace unos quince años y que ahora, de repente, parecería haber sido superado por disposiciones de signo opuesto.
"Estamos conmocionados por esta prohibición", repitieron los organizadores durante el congreso celebrado esta tarde en el Augustinianum, donde durante horas se intentó comprender las razones de la decisión y, sobre todo, establecer cómo comportarse mañana.
El programa prevé a las 10 la recitación del rosario y la salida de la procesión (autorizada por la Jefatura de Policía) desde la iglesia de los Santos Celso y Giuliano en Banchi, con llegada prevista a San Pedro alrededor de las 11. Sin embargo, aún queda por ver si el cortejo podrá acercarse a la Basílica, si intervendrá la Gendarmería vaticana en la frontera vaticana y qué disposiciones se aplicarán concretamente. "Es posible que alguien quiera entrar al menos en el atrio igualmente", observan algunos participantes, sin ocultar el riesgo de momentos de tensión.
A hacer especialmente delicado el asunto está también la distinción, reivindicada con fuerza por los organizadores, entre los fieles ligados a la liturgia tradicional y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por el arzobispo Marcel Lefebvre. Los promotores subrayan que no pertenecen a la Fraternidad y que no tienen ningún involucramiento en las consagraciones episcopales sin mandato pontificio ocurridas este verano en Écône, que han agravado aún más la fractura con Roma. "Nosotros no estamos excomulgados. Nosotros somos cum Petro et sub Petro", repiten, reivindicando la plena comunión con el Pontífice y rechazando cualquier asimilación a los grupos que cuestionan la autoridad de la Santa Sede. Su interrogante es sobre todo eclesial: ¿por qué impedir el acceso a la Basílica a fieles católicos que desean orar en la tumba de Pedro?
El malestar se evidenció especialmente en la intervención de Christian Marquant, presidente de la asociación francesa Paix Liturgique, llegado a Roma para participar en el encuentro. Según Marquant, en el origen de los malentendidos habría un conocimiento insuficiente del mundo tradicionalista por parte de las autoridades eclesiásticas.
"Es muy triste ser ignorados por la jerarquía de la Iglesia. Ignorados en el sentido literal: no saben quiénes somos, qué hacemos. No conocen más que la Fraternidad San Pío X, y también a esta muy mal", denunció.
Marquant también relató un intento de dar a conocer directamente a León XIV la situación de los fieles ligados a la liturgia antigua, a través de monseñor Athanasius Schneider, recibido en audiencia el pasado diciembre. Según la reconstrucción referida por el presidente de Paix Liturgique, durante aquella conversación el Papa habría comentado la celebración del año anterior en San Pedro con una frase destinada a alimentar más interrogantes: "Esa Misa fue instrumentalizada".
El caso devuelve al centro una cuestión que sigue atravesando el pontificado de León XIV: qué espacio reconocer a los católicos ligados a la liturgia anterior a la reforma conciliar y cómo distinguir la sensibilidad tradicional, vivida dentro de la comunión eclesial, de las posiciones de abierta contestación a la autoridad pontificia. Por el momento, sobre todo, permanece la incertidumbre sobre lo que sucederá mañana por la mañana. Tras quince años de peregrinaciones, los fieles de la Misa antigua podrían encontrarse ante un límite nunca antes encontrado: no poder llegar a la Basílica de San Pedro para orar en la tumba del apóstol al que declaran querer permanecer fieles.
Sobre el mismo tema, antes del artículo que acaban de leer fue publicado uno en inglés por parte de Diane Montagna y otro en italiano en Messa in Latino.
La excusa que podrían esgrimir las autoridades encargadas de la Basílica es que en la tarde de mañana esta programada una conferencia, “Lectio Francisci”, desde las 15:30 horas, tiempo de Roma, y después una Misa en el Altar de la Cátedra pero, como acaban Uds. de leer, los permisos ya habían sido concedidos hace tiempo a los tradis. ¿Quién, cómo, por qué, para qué, decidió posteriormente organizar un evento casi a la misma hora y en los mismos espacios cuyo acceso se habia concedido previamente a los tradis?
