El Dicasterio que presidirás en otras épocas llegó a utilizar métodos inmorales. Fueron tiempos donde más que promover el saber teológico se perseguían posibles errores doctrinales. Lo que espero de vos es sin duda algo muy diferente.
Francisco
«Carta del Papa Francisco al nuevo Prefecto de la Fe»
Jul-01-2023

Antes de que se produjeran las consagraciones episcopales sin mandato pontificio de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Mons. Nicola Bux había emitido la que, en nuestra modesta opinión, era la posición más equilibrada, en forma de una carta abierta la Papa León XIV. Ya una vez realizadas y hecha la declaración de excomunión y cisma por parte de la Santa Sede, Mons. Bux ha brindado unas declaraciones a Radio Cusano, Jul-03-2026, de las cuales procedemos a hacer una transcripción y traducción adaptada. Si es Usted de los que se extraña porque en todo este asunto parece que la voz cantante sea exclusivamente la del flamante prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y no aparezca nadie más, incluso ni siquiera el propio León XIV, preste atención a lo que al respecto dice en la tercera respuesta Mons. Bux.
Follow @SECRETUMMEUMAquí estamos de nuevo, Calibro 9, Radio Cusano. Damos la bienvenida al Padre Nicola Bux, quien en los últimos días ha escrito y hablado sobre este cisma, como es definido en los periódicos. Padre Nicola, ¿qué debemos pensar? ¿Por qué hemos llegado a este punto, en su opinión?
Buenos días. Creo que hemos llegado a este punto porque, no solo ahora, sino por lo menos desde 1985 —cuando Ratzinger denunció en su célebre Informe sobre la Fe junto con Messori— se ha perdido la concepción católica de la realidad de la Iglesia, tanto a nivel teológico como de opinión pública. Ya no se cree que sea una realidad querida por Cristo, sino más bien una construcción que podemos reorganizar como si fueran las piezas de un Lego. Por un lado, pienso en los lefebvrianos, y por otro, en los alemanes. Así pues, al final, los contenidos de la fe y la moral se vuelven arbitrarios.
¿Y qué es exactamente? Intentemos explicarlo a nuestros oyentes. ¿Por qué se sanciona a los lefebvrianos, más allá de haber nombrado obispos —lo cual no es un hecho irrelevante— y de haber desobedecido al Papa? Pero, más allá de esto, yo decía antes antes con Matteo Matzuzzi, que me parece que desde un punto de vista teológico, ciertas cosas que se hacen en Alemania, por ejemplo, pero también aquí, son mucho más graves y se alejan más de la doctrina que lo que defienden los lefebvrianos, ¿o no?
Mire, esta es la objeción más común, del tipo, “¿pero por qué se sanciona a quienes parecen tan ortodoxos y fieles a los principios católicos, a diferencia de otros que permiten que pase de todo, tanto a nivel de doctrina como en moral?”. La sanción, efectivamente no radica en lo que creen, sino en lo que hacen. Cometieron este acto tan grave, previsto en el derecho canónico, o sea, ordenar obispos sin mandato pontificio.
Piense Usted que esto también ocurrió con los obispos ordenados en China sin mandato pontificio, ya en tiempos de Pío XII o incluso después. Se trata de un acto muy grave, mucho más grave que tener opiniones moralmente cuestionables sobre el matrimonio, etc. ¿Por qué? Porque estas opiniones siguen siendo sólo opiniones y permenecen todavía a nivel de opinión. Pongo un ejemplo: la semana pasada, el Dicasterio para el Culto Divino respondió a los alemanes indicando que la homilía en la Misa no puede ser pronunciada por un laico. Digamos que existen ciertas aclaraciones.
Es claro que si actúan de esa manera, tarde o temprano hay una sanción. Por lo tanto, debemos tener cuidado al equiparar comportamientos. Creo que el verdadero problema radica en la falta de comprensión de que la Iglesia es como una familia, donde existe una comunión que, sin embargo, es una comunión dialéctica. Es decir, si cada vez que hay un desacuerdo se cierra la puerta de golpe y se rompe, nada se sostendría. El problema es que muchos ya no comprenden más qué cosa es la comunión.
En su opinión, ¿no era posible superar esta fractura? ¿Qué se esperaba de los lefebvrianos, de la Fraternidad de San Pío X? ¿Que simplemente se extinguirían? ¿Quizás los obispos ordenados, cuyas excomuniones habían sido levantadas, fallecerían, no se nombrarían más obispos y de alguna manera se reintegrarían? ¿Cómo podría haber terminado de otra manera?
Pero mire, si el Papa hubiera convocado a los líderes hace meses y les hubiera dicho: “Bien, hablemos”, quizás con la ayuda de expertos, quizás —digo solamente quizás— esta fractura se habría evitado. Infortunadamente, no se hizo. Es cierto, por otro lado, que ya se habían producido intentos de diálogo y discusión en el pasado, incluso por parte de Ratzinger y otros cardenales.
La verdad es que han sido un poco obstinados en sus convicciones, sobre todo en lo que respecta al Concilio Ecuménico, porque no todos piensan de la misma manera. Es claro que el Concilio Ecuménico tiene aspectos fundamentales que deben ser aceptados, también porque un acto de Magisterio solemne es infalible en la Iglesia; luego hay aspectos transeúntes, es decir, aquellos que pueden ser tranquilamente discutidos. Pero evidentemente faltó esto último. No sé por qué, quizás porque el entorno bergogliano-vaticano… si bien ahora está obligado, es cierto, a obedecer al nuevo Papa, este aún no domina la máquina de gobierno y, por lo tanto, debe servirse de aquellos que lo conocían antes que él, y entonces tal vez esto no lo haya permitido.
Pero, obviamente, se pueden extraer muchas otras conclusiones. Pero insisto en que se ha perdido el concepto de comunión en la Iglesia como una realidad en la que se confronta y se llega a creer juntos. La Iglesia no es democrática, sino sacramental, es decir, jerárquica. Por lo tanto, en sus estructuras siempre es reformable, es decir, siempre revisable, pero en su estructura fundamental la Iglesia no es propiedad humana de uno u otro, ni de de los unos ni de los otros, sino de Cristo. Así que, lamentablemente, en mi opinión, este es el punto que se ha perdido y que, espero, habrá que recuperar.
¿Pero se puede dar marcha atrás?
Es posible, es posible dar marcha atrás. Pero tiene que haber buena voluntad. Ahora se han aplicado las sanciones, como está previsto en el derecho canónico, pero es deseable que se retome el diálogo. Se necesita elasticidad, ante todo por parte de la Fraternidad que, en mi opinión, debería, por ejemplo, redescubrir al teólogo san [John Henry] Newman respecto a la relación entre doctrina y desarrollo, porque me parece que se han quedado algo estancados, al menos en el mil ochocientos, y deberían reflexionar sobre ello. En cualquier caso, siempre debemos tener la esperanza de que esto suceda.
Entonces quiero agradecer al Padre Nicola Bux. Aquí hay cuestiones determinantes del todo para la Iglesia, un problema que también podría conducir a una fractura política en algún modo, además de la más importante, digamos, espiritual y de Fe. Pero luego está toda una convulsión política en torno a estas decisiones. También hay diversas presiones que van más allá de la teología, creo, ¿no es así?
Bueno, sí, pero sería inapropiado, porque las categorías políticas no se pueden aplicar dentro de la Iglesia. Es equivocado hacerlo. Sí, puede haber alguna interferencia de individuos, pero no. Mire, creo que en la Iglesia debemos saber hacernos a un lado, desaparecer, para que Cristo triunfe. En resumen, los mejores reformadores fueron los santos; la Iglesia necesita santidad, y la primera santidad es, por así decirlo, buscar la comunión. La comunión con Pedro es fundamental; diría que es el carisma católico que diferencia a la Iglesia Católica de otras configuraciones eclesiales. Si esto falta, uno no puede afirmar querer ser unido al Papa y luego cometer actos que estén en contradicción; no tiene sentido. No. En cuanto a la cuestión política, diría que no hay ninguna. Sí, he escuchado a algunos comentaristas…
Sí, pero en resumen, estos son otros temas fundamentales. Gracias a Don Nicola; haremos una pausa y volveremos en breve.
A Ustedes. ¡Buen trabajo!




