El cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, ha vuelto ha pronunciarse sobre la liturgia tradicional. Fue hoy al márgen de un evento en el propio Vaticano organizado por la Biblioteca Apostólica Vaticana, cuando recibió una pregunta del corresponsal de The Catholic Herald, a raíz de la carta firmada por él pero a nombre del Papa, y enviada a los obispos de Francia en la cual en uno de sus pasajes se refería al tema. Las palabras del cardenal Parolin, según Niwa Limbu, que fue el periodista que le formuló la pregunta, serían las que traduciremos seguidamente. Con esta versión tenemos el problema de que son palabras en inglés, lo cual no proporciona un 100% de seguridad porque el cardenal respondió originalmente en italiano.
Creo que todos compartimos esta, digamos, evaluación que el Papa da, ¿verdad?
En el sentido de que la liturgia no debe convertirse en una fuente de conflicto y división entre nosotros. Será necesario encontrar la fórmula, bueno, esto creo, será necesario encontrar la fórmula que pueda satisfacer las legítimas necesidades. Pero creo que, bueno, esto puede suceder sin convertir la liturgia en un campo de batalla.
Un reporte en italiano sobre exactamente el mismo tema de agencia SIR, Mar-26-2026, del cual suponemos reporta las palabras originales en italiano pronunciadas por el cardenal Parolin, nos deja un sabor ligeramente diferente. Aquí traducimos y agrupamos en un mismo párrafo las palabras entrecomilladas atribuidas al cardenal Parolin por la agencia.
«Todos compartimos esta preocupación: la liturgia no debe convertirse en motivo de conflicto y de división entre nosotros. Se trata de encontrar una fórmula que pueda venir al encuentro de las legítimas exigencias. Pero creo que pueda haberla, sin hacer de la liturgia un campo de batalla».
Existe un reporte en español de Vatican News, Mar-26-2026, el cual al final hace una reseña bastante liviana de lo que dijo el cardenal Parolin sobre este tema de la liturgia.
Por último, se le planteó al cardenal una pregunta sobre la Misa tradicional, tras la publicación del mensaje del Papa —firmado precisamente por el Secretario de Estado— dirigido a los obispos franceses reunidos en sesión plenaria, en el que León XIV expresaba su preocupación por el hecho de que «sigue abriéndose en la Iglesia una dolorosa herida en torno a la celebración de la Misa» y pedía «incluir generosamente a las personas sinceramente vinculadas al Vetus Ordo». En la misma línea, Parolin reitera que «la liturgia no debe convertirse en motivo de conflicto y división entre nosotros». «Se tratará de encontrar la fórmula que pueda satisfacer las legítimas exigencias. Creo que puede haberla, sin convertir la liturgia en un campo de batalla».
El ingrediente que sí es novedoso, es que es bastante extraño que el cardenal Parolin esté emergiendo ahora con palabras conciliadoras sobre la liturgia tradicional y sus adeptos, visto que él es un denodado enemigo de ella e instigador de las medidas tomadas mediante el motu proprio Traditionis custodes.
El siguiente reporte de Franca Giansoldati en Il Messaggero, Mar-26-2026, comienza poniendo de manifiesto este volantin con el cual ahora nos viene el cardenal Parolin.
Follow @SECRETUMMEUMEl giro del cardenal Parolin sobre la misa en latín
El cardenal Parolin cambia su postura y se alinea con la actitud conciliadora del Papa León XIV, buscando sanar divisiones en la Iglesia sobre la liturgia y la celebración de la misa tradicional.
Franca Giansoldati
jueves 26 marzo 2026
Es sorprendente el cambio de rumbo del cardenal Parolin: sobre la misa en latín ha cambiado de opinión y ahora se adapta a la línea moderada y dialogante del Papa León, quien en este tema intenta reparar los daños y devolver algo de paz a la Iglesia. Esta mañana, el cardenal Secretario de Estado admitió que la liturgia no debe convertirse en «un campo de batalla». A los periodistas que le pedían un comentario sobre la invitación del Papa dirigida ayer a los obispos franceses para encontrar una composición entre quienes siguen el rito ordinario y quienes piden restablecer la misa en latín, explicó: «Creo que todos compartimos esta valoración que da el Papa, en el sentido de que la liturgia no debe convertirse en un motivo de conflicto y de división entre nosotros. Se tratará de encontrar la fórmula que pueda responder a las legítimas necesidades».
Una posición personal evidentemente modificada.
Las facciones más conservadoras que hasta el año pasado denunciaban una persecución en curso hacia las comunidades tradicionalistas difícilmente olvidan la postura intransigente que había mostrado en este tema el Secretario de Estado. Para apoyar al Papa Francisco en esta cruzada polarizante con secuelas de difícil curación, han estado varios teólogos y liturgistas (provenientes de la universidad de San Anselmo) pero también obispos destacados del Dicasterio para el Culto Divino e incluso cardenales de la curia como el prefecto Roche y el Secretario de Estado, Parolin.
El enfrentamiento en su momento llevó al cardenal Burke a decir que estaba en marcha una «persecución». De hecho, en los años anteriores, bajo el pontificado de Bergoglio, se emitieron documentos restrictivos, medidas, advertencias dirigidas a obispos individuales e incluso se manipuló en la curia una encuesta con tal de sofocar a la pequeña minoría de católicos tradicionalistas. Casi una conspiración. La campaña vaticana para detener el uso del misal antiguo, utilizado con pasión por una exigua minoría de fieles en el mundo, terminó por encender una campaña de posiciones desgarradora, sin exclusión de golpes, que ahora está intentando sanar León.
Cuando fue elegido, en mayo del año pasado, León XIV, muchos cardenales de diversa procedencia respiraron aliviados de inmediato, entre ellos el estadounidense Burke: «Espero que él ponga fin a la persecución de los fieles en la Iglesia que desean adorar a Dios según el uso más antiguo del rito romano», había dicho. Como se sabe, bajo el pontificado anterior se inició una fortísima campaña que culminó en el Motu Proprio que barrió todo el camino hecho por Benedicto XVI para normalizar incluso a los pocos lefebvrianos cismáticos que quedaban.
Ayer el Papa León envió a los obispos de Francia (donde las heridas de esta guerra son muy evidentes) una carta con una rama de olivo. El mensaje fue claro para todos: pasemos página buscando «soluciones concretas que permitan incluir generosamente a las personas sinceramente unidas al Vetus Ordo, según las directrices establecidas por el Concilio Vaticano II en materia de Liturgia». Esto sin ocultar la grave preocupación por el hecho de que «siga abriéndose en la Iglesia una dolorosa herida respecto a la celebración de la Misa, el mismo sacramento de la unidad».
Pero ¿por qué el Papa Francisco y sus principales consejeros en la materia, entre ellos el teólogo de San Anselmo Andrea Grillo, el cardenal Roche y el Secretario de Estado Parolin, se mostraron tan contrarios al mundo tradicionalista? La respuesta la dio un día Bergoglio haciendo referencia al hecho de que esta pequeña minoría ultra era divisiva, muy influyente porque tenía dinero y además atraía jóvenes y vocaciones. En un pasaje de una entrevista Bergoglio criticaba también la atención por los ritos y la exterioridad litúrgica con palabras punzantes: «estas formas de vestir a veces esconden un desequilibrio mental, una desviación emocional, una dificultad de comportamiento, un problema personal que puede ser explotado».





