A FINIBUS TERRAE LAUDES AUDIVIMUS: “GLORIA IUSTO”. ET DIXI: “SECRETUM MEUM MIHI, SECRETUM MEUM MIHI. VAE MIHI!”. PRAEVARICANTES PRAEVARICATI SUNT ET PRAEVARICATIONE PRAEVARICANTIUM PRAEVARICATI SUNT(IS 24,16)
Friday, April 3, 2026
Liturgia De La Pasión Del Señor En El Santo Sepulcro De Jerusalén
El Patriarcado Latino de Jerusalén ha transmitido hoy el oficio de la De La Pasión Del Señor presidido por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. Ya conocen Ustedes las actuales férreas medidas de seguridad que han obligado a que las ceremonias correspondientes a la Semana Santa de los Cristianos se realicen en forma privada con un grupo reducido de personas.
En Facebook aparece una colección del fotos correspondiente a dicha ceremonia.
El Viernes Santo, 3 de Abril 2026, Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, presidió la Liturgia de la Pasión de Cristo el Gran Viernes, en el Calvario en la Basílica del Santo Sepulcro.
El texto en árabe agrega esta parte que no aparece en inglés: “...reflexionando sobre el misterio de la redención y sobre la reliquia de la Santa Cruz presente entre nosotros, que da testimonio del amor inconmensurable de Cristo”.
¿Quién llamó a quién?, al parecer fue el segundo al primero, el hecho es que hoy hubo una conversación telefónica entre el Papa León XIV y el presidente de Israel, Isaac Herzog, para intercambiar saludos con motivo de la Pascua.
El primero en dar cuenta de la conversación fue Herzog en su cuenta de X (nuestra traducción).
This morning, I spoke with @Pontifex Pope Leo XIV to exchange greetings for the Passover and Easter holidays.
During our call, we discussed the war with Iran, including the ongoing threat of missile attacks by the Iranian regime and its terror proxies against people of all… pic.twitter.com/TQ1CjLgAUc
— יצחק הרצוג Isaac Herzog (@Isaac_Herzog) April 3, 2026
Esta mañana hablé con @Pontifex el Papa León XIV para intercambiar saludos con motivo de la Pascua judía y la Pascua cristiana.
Durante nuestra llamada, hablamos sobre la guerra con Irán, incluyendo la constante amenaza de ataques con misiles por parte del régimen iraní y sus grupos terroristas afines contra personas de todas las religiones en la región. Recordé los recientes ataques con misiles iraníes contra Jerusalén, que impactaron en lugares sagrados para cristianos, musulmanes y judíos. El pueblo de Irán también merece un futuro mejor, libre de este régimen de terror peligroso y violento.
También hablamos sobre la situación en el Líbano, incluyendo la importancia de la seguridad de las comunidades cristianas a ambos lados de la frontera. Subrayé que no se puede permitir que la organización terrorista Hezbolá siga amenazando tanto al pueblo de Israel como al del Líbano, quienes merecen un futuro de paz y estabilidad.
Expresé al Papa León XIV la gran importancia de la relación del Estado de Israel con la Santa Sede, [con] la Iglesia Católica y [con] los cristianos de todo el mundo. También resalté la importancia de la cooperación de todos los líderes mundiales y religiosos en la crucial lucha contra el antisemitismo.
Expresé mis más cordiales deseos para la Pascua a las comunidades Cristianas de Oriente Medio y del resto del mundo. Compartimos la esperanza de un futuro más pacífico para las personas de todas las religiones, libre de la amenaza de la violencia y el derramamiento de sangre.
Posteriormente, la Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el siguiente comunicado (nuestra traducción).
Comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede: Conversación telefónica entre el Santo Padre y el Presidente del Estado de Israel
En la mañana de hoy, se desarrolló una conversación telefónica entre el Santo Padre León XIV y Su Excelencia el Sr. Isaac Herzog, Presidente del Estado de Israel, con ocasión de las festividades pascuales.
Durante la conversación, se reiteró la necesidad de reabrir todos los canales posibles de diálogo diplomático, para poner fin al grave conflicto en curso, con miras a una paz justa y duradera en todo Oriente Medio.
La conversación continuó centrándose en la importancia de proteger a la población civil y promover el respeto del derecho internacional humanitario.
La Oficina de Prensa de la Santa Sede, publicó al mediodía de hoy (tiempo de Roma), Abr-03-2026, las meditaciones para el Via Crucis (español) presidido por el Papa León XIV a realizarse en el Coliseo Romano y compuestas por el excustodio de Tierra Santa, el P. Francesco Patton, de la orden de los Frailes Menores. En una entrevista concedida a Vatican News, Abr-02-2026, el P. Patton brindó detalles sobre estas meditaciones.
Padre Patton, el Papa quiso confiarle a usted la redacción de las meditaciones que acompañarán el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo. Esto es un signo inequívoco de la atención del Santo Padre hacia Tierra Santa y hacia las tragedias que atraviesan los países de Oriente Medio.
León XIV, desde el día de su elección, ha invocado continuamente el don de la paz. Ha expresado cercanía y solidaridad no solo con Tierra Santa, sino con todos los países, poblaciones y personas que sufren a causa de la guerra. Esta, por cierto, ha sido la línea de la Iglesia durante más de 100 años, desde que el 1 de agosto de 1917 Benedicto XV se negó a bendecir a los ejércitos, definió la guerra que se estaba librando como una «matanza inútil» e instó a los responsables de las naciones beligerantes a lograr una paz justa y duradera mediante la negociación, el respeto al derecho internacional, la restitución de los territorios ocupados, el restablecimiento de la libre circulación y el desarme que libere recursos para invertir en el bien común y el desarrollo.
Desde entonces, la Iglesia siempre ha expresado cercanía a las poblaciones afectadas por la guerra y ha reiterado en múltiples ocasiones la condena de los conflictos armados, que continúan siendo una «matanza inútil». Casi todos los domingos después del Ángelus y cada miércoles al término de su catequesis en la audiencia general, el Papa Prevost ha insistido en la necesidad de alcanzar la paz —recalco, no solo en Tierra Santa sino en todos los países (unos 60) actualmente involucrados en guerras sangrientas. Y el pasado domingo usó palabras muy contundentes para rechazar la violencia perpetrada en nombre de Dios, diciendo que Dios no escucha la oración de los belicistas con las manos manchadas de sangre.
Imagino que para usted recibir esta invitación fue una sorpresa...
Una sorpresa muy grande, diría yo. Concretamente, fui contactado por la Secretaría de Estado, que me comunicó que el Santo Padre, coincidiendo con el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís, les había dado la indicación de pedirme que preparara las meditaciones. La situación me intimidó y, al mismo tiempo, me honró.
Al escribir estas meditaciones, ¿qué fue lo que más la inspiró?
Me inspiré en los textos de los Evangelios, privilegiando al evangelista Juan, que tiene una mirada profunda sobre el misterio de la Pasión del Señor; y también en los Escritos de san Francisco, que son una auténtica mina de espiritualidad cristiana. En las reflexiones y oraciones es evidente que la inspiración proviene también de la realidad actual y de personas concretas en las que —en estos años— he podido reconocer a los personajes del Vía Crucis. Cuando hablo del sufrimiento de las madres y las mujeres, se perciben de manera sutil mujeres sobre las que incluso L’Osservatore Romano ha escrito, y que hoy encarnan la figura de María, de la Verónica y de las mujeres de Jerusalén. Detrás de la reflexión sobre la concepción distorsionada del poder y el abuso del poder hay hechos de la crónica internacional que están a la vista de todos; el Cireneo tiene el rostro de muchos voluntarios y trabajadores humanitarios (y también de comunicadores) que he podido conocer en estos años y que arriesgaron su vida para cuidar de alguien o para dar a conocer la verdad, sin necesidad de ser cristianos. En las reflexiones, las situaciones concretas que se mencionan no buscan emitir un juicio sobre personas individuales, sino invitar a reflexionar, a hacerse preguntas y —si es necesario— también a cambiar. El mensaje es esencialmente religioso y quiere expresar la cercanía de Jesucristo, como Hijo de Dios encarnado, a cada persona humana. He intentado que el Vía Crucis del Coliseo se inspirara en el Vía Crucis que cada viernes realizamos a lo largo de la Vía Dolorosa, y al mismo tiempo que bebiera de la espiritualidad de san Francisco para ayudar a los creyentes a “caminar sobre las huellas de Jesús” y a los no creyentes a descubrir que a Jesús le importa cada uno de nosotros, y que en Él se puede encontrar esperanza y sentido de vida incluso para quienes ya lo han perdido. Mi deseo es que, al encontrarse con Jesucristo y caminar tras Él hacia el Calvario, cada persona perciba Su cercanía y Su amor; perciba que Jesucristo dio su vida por cada uno de nosotros y quiere llevarnos a todos a “volver al Padre” junto a Él, a encontrar la vida plena gracias a Él y a vivir la condición humana, que es finita y mortal, con el horizonte de la Pascua, de la Resurrección, de la vida eterna y de la participación en la misma vida de Dios.
Primera Misa in Cœna Domini en condición de Pontífice para León XIV, y no solamente volvimos a ver el lavatorio de pies como en tiempos de Benedicto, sino que además, en su homilía León XIV citó un pasaje del antecesor correspondiente a la misma ocasión en 2008, de allí la frase que escogimos en el titular.
Con su gesto Jesús no sólo purifica de las idolatrías y blasfemias que han mancillado la imagen que nos hemos hecho de Dios, sino que purifica también nuestra imagen del hombre, que se percibe poderoso cuando domina, que quiere vencer matando a quien es igual a él, que se considera grande cuando es temido. Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos da, en cambio, un ejemplo de entrega, de servicio y de amor. Necesitamos su ejemplo para aprender a amar, no porque seamos incapaces de ello, sino precisamente para educarnos a nosotros mismos y a los demás en el verdadero amor. Aprender a actuar como Jesús, Signo que Dios imprime en la historia del mundo, es la tarea de toda una vida.
Como ya se había avisado, el acceso a la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén se garantizaría a un grupo reducido de personas para celebrar las ceremonias del Triduo Sagrado, las cuales se divulgarían vía streaming. La primera de ellas, la Misa en la Cena del Señor, se ha podido realizar hoy, esta es la homilía pronunciada por el cardenal Pizzaballa.
Homilía de la Misa de la Cena del Señor 2026
Jerusalén, Basílica del Santo Sepulcro
Ex 12,1-8.11-14; 1Cor 11,23-26; Jn 13,1-15
Queridos hermanos y hermanas,
¡Que el Señor os dé la paz!
Nos encontramos en el lugar donde una piedra selló la muerte. Sin embargo, ahora estamos aquí para celebrar la vida. Hay una tensión que no podemos ignorar: afuera, las puertas del Santo Sepulcro están cerradas. La guerra ha convertido este lugar en un refugio, un interior separado de un exterior cargado de tensión. Estamos aquí como en un seno de paz, mientras alrededor el mundo se desgarra, y gustaría poder cambiar todo esto.
Pero aquí y ahora, la Palabra de Dios nos ofrece un gesto que trasciende a todas nuestras consideraciones humanas.
En el Evangelio de Juan, leemos: "Se levantó de la mesa, se quitó el manto y, tomando una toalla, se la ciñó" (Jn 13,4). Ese verbo, "se ciñó", en sus diversas expresiones, resuena a lo largo de las Escrituras. Es el mismo verbo que se repite en el libro del Éxodo, cuando el Señor da las instrucciones para la Pascua: «Y así lo comeréis: con vuestra cintura ceñida, con vuestras sandalias en los pies y vuestro bastón en la mano; lo comeréis de prisa: es la Pascua del Señor» (Ex 12,11). Ceñirse la cintura, en la Biblia, es el gesto de quien se prepara para partir. Es el gesto de quien está a punto de emprender un éxodo, de quien está a punto de abandonar la tierra de la esclavitud para entrar en la libertad. El pueblo de Israel, aquella noche, comió el cordero con la cintura ceñida porque estaba a punto de partir. El cinto era el signo de un paso inminente.
Y ahora Jesús, en la hora de su partida, se ciñe su cintura. Pero no se ciñe para irse. Se ciñe para postrarse. Esto es lo primero que debemos comprender: Jesús transforma el gesto de quien parte, en el gesto de quien sirve. El éxodo, en la lógica de Dios, no es una huida del mundo, sino una inmersión total en él. Ceñirse la cintura ya no es señal de quien huye de la esclavitud, sino de quien se hace esclavo por amor.
Por esto, el lavatorio de los pies no es un gesto moral, un ejemplo edificante, una escena tierna. Es la forma concreta de la Pascua de Jesús. Es el modo en que Dios se manifiesta en la historia. Es el modo en que el amor elige entrar en el mundo.
Y es precisamente aquí donde emerge nuestra resistencia, encarnada por Pedro. Cuando Jesús llega a él, Pedro reacciona con palabras claras: "No me lavarás los pies jamás" (Jn 13,8). No es solo pudor. Es rechazo. Es el escándalo de un amor que se humilla demasiado. Pedro no acepta un Señor que se inclina. Pero la respuesta de Jesús es aún más clara, y es una de las frases más severas del Evangelio: «Si no te lavo, no tendrás parte conmigo» (Jn 13,8).
Jesús no dice: «Si no aceptas, no serás de los míos». Dice algo más profundo: «no tendrás parte conmigo». La palabra "parte" no indica un rol, sino una comunión. Es la palabra de la herencia. Es la palabra de la alianza. Es como si Jesús dijera: Pedro, tú puedes admirarme, puedes seguirme, puedes incluso defenderme… pero si no aceptas este modo de amar, no entrarás en mi camino. No participarás en mi Pascua.
He aquí el punto decisivo de esta liturgia: la Pascua no es algo que Jesús hace por nosotros sin nosotros. Es algo que podemos vivir solo con Él. Y para vivir con Él debemos acoger su modo de amar. No hay comunión sin esa acogida. No hay "parte" sin dejarse servir.
Pedro, como a menudo sucede, quiere dictar las condiciones del amor. Quisiera un amor que salve sin tocar, que perdone sin exponerse, que libere sin humillarse. Pero Jesús le dice: si no te lavo, no tendrás parte conmigo. Porque el amor verdadero no se queda a distancia. Desciende. Toca. Se expone.
Aquí, todos podemos reconocernos. Con demasiada frecuencia anhelamos un Dios que nos eleve sin sumirnos en la crisis, que nos dé dignidad sin ignorar nuestra fragilidad. Sin embargo, hoy y aquí, se nos pide algo más difícil: dejarnos amar profundamente. Dejar que Cristo se incline justo allí donde nosotros nos avergonzamos. Dejar que entre en nuestra pobreza, en nuestras incoherencias, en nuestros pecados. Solo así podemos "tener parte" con Él.
Y es en este punto donde comprendemos también la Eucaristía. Pablo nos transmite las palabras de Jesús sobre el pan: «Este es mi cuerpo, entregado por vosotros» (1Cor 11,24). «Por vosotros». No para sí mismo, no para la propia afirmación, no para defender algo. «Por vosotros» significa un cuerpo entregado, un cuerpo donado, un cuerpo que no se guarda nada.
Ese cuerpo, en la cena, toma la forma de un cuerpo que se inclina. La Eucaristía no es separable del lavatorio de los pies. No son dos momentos diferentes: son dos expresiones del mismo amor. El cuerpo partido en el altar es el mismo cuerpo que se arrodilla ante los discípulos. Si separamos las dos cosas, perdemos el sentido de ambas.
Por eso no estamos llamados solo a adorar, sino a entrar en una forma de vida. No basta con mirar a Jesús que se inclina: hay que decidir si queremos tener parte con Él. Y tener parte con Él significa aceptar que nuestra vida sea involucrada en su mismo movimiento.
Jesús, después de lavar los pies, dice: «Si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros» (Jn 13,14). No es una adición final. Es una consecuencia inevitable. Quien tiene parte con Él, toma su forma. Quien entra en su Pascua, entra también en su estilo.
Todo esto, decíamos, no nace de un esfuerzo moral. Nace de una experiencia recibida. Solo quien se ha dejado lavar puede aprender a lavar. Solo quien ha aceptado ser amado así puede amar así. Por eso la primera conversión no es hacer algo por los demás, sino dejar de resistir al amor de Cristo.
Queridos hermanos, la pregunta que esta liturgia nos plantea es simple y radical: ¿queremos tener parte con Él? No en abstracto, sino concretamente. ¿Queremos entrar en un amor que se humilla? ¿Queremos una salvación que pasa por el servicio? ¿Queremos un Dios que no domina, sino que se inclina?
Si decimos que sí, entonces también para nosotros comienza un éxodo. No un éxodo que nos aleja de la realidad, sino un éxodo que nos lleva dentro de la realidad con una nueva mirada. Un paso de la defensa al don, del miedo a la confianza, del orgullo a la comunión.
Esta palabra, "ser parte", resuena de manera particular para nosotros, Iglesia de Tierra Santa. No somos una Iglesia fuerte, no somos una Iglesia numerosa, no somos una Iglesia que pueda permitirse elegir tiempos fáciles, y lo vemos continuamente. A menudo somos una Iglesia cansada, puesta a prueba, a veces tentada a defenderse más que a entregarse. Y, sin embargo, hoy el Señor no nos pide ser poderosos, sino tener parte con Él. No nos pide que lo resolvamos todo, sino que no rechacemos su forma de amar. Porque una Iglesia tiene parte con Cristo no cuando está a salvo, sino cuando acepta compartir su humillación.
Tener parte con Él, para nosotros que vivimos y testimoniamos el Evangelio en esta tierra, significa aprender el lenguaje de la humildad. Humillarnos ante los miedos, sobre las incomprensiones, sobre las fatigas cotidianas de quien corre el riesgo de perder la esperanza. Humillarnos sin pretender tener soluciones inmediatas, sino ofreciendo una presencia fiel. Quizás no podamos cambiar las grandes dinámicas de la historia, pero podemos decidir si tener parte con Cristo en su modo de estar dentro de la historia: no por encima, no en contra, sino al lado.
Hoy, mientras celebramos la Eucaristía, pedimos una gracia esencial: dejarnos lavar. Dejarnos servir. Dejarnos amar sin condiciones. Porque solo así podemos realmente tener parte con Él. Y solo así nuestra vida, lentamente, tomará la forma de su Pascua.
Amén.
+Pierbattista Card. Pizzaballa Patriarca Latino de Jerusalén
No musulmanes, no transexuales, no mujeres, no laicos, el Papa León XIV lavará los pies a doce sacerdotes, once de ellos ordenados durante el último año, durante la ceremonia de lavatorio de pies en la Misa in Cœna Domini mañana en la Basílica Papal de San Juan de Letrán, así que una escena similar a la de la foto que ilustra esta entrada podría repetirse. Lo informa la Oficina de Comunicaciones del Vicariato de Roma en un comunicado de Abr-01-2026, al tiempo que con nombre propio señala a los elegidos.
Este es un despacho al respecto de agencia EFE, Abr-01-2026.
Ciudad del Vaticano, 1 abr (EFE).- El papa León XIV lavará los pies a doce sacerdotes durante la misa del Jueves Santo, en la que se conmemora la Última Cena, y que se celebrará en la basílica romana de San Juan de Letrán, a diferencia de su antecesor Francisco, que solía celebrarla con presos o inmigrantes.
León XIV lavará los pies a los sacerdotes en la misa ‘in Coena Domini’ que comenzará a las 17.30 horas en la basílica de San Juan de Letrán. Once de ellos son los presbíteros que el año pasado fueron ordenados por el papa.
La primera Semana Santa del papa estadounidense, que comenzó con la celebración de la misa el Domingo de Ramos, continuará con la tradicional Misa Crismal de la mañana del Jueves en la basílica de San Pedro, donde se bendicen los óleos y los sacerdotes renuevan sus votos de pobreza, castidad y obediencia.
León XVI después retoma la tradición anterior a Francisco acudirá a la basílica de San Juan de Letrán, donde lavará los pies a doce sacerdotes.
El Viernes Santo, único día del calendario litúrgico sin eucaristía en señal de duelo por la muerte de Jesús de Nazaret, León XIV asistirá a la celebración de la Pasión del Señor en la basílica vaticana y por la noche protagonizará el Viacrucis en el Coliseo, lugar símbolo de la persecución de los primeros cristianos.
En esta ocasión, León XIV portará él mismo la cruz en todas las estaciones de su primer viacrucis en el Coliseo de Roma, donde las meditaciones que inspirarán la celebración han sido redactadas por un fraile de la Custodia de Tierra Santa.
El propio pontífice, según avanzan este martes fuentes vaticanas, encargó al padre Francesco Patton, antiguo custodio de Tierra Santa, la elaboración de los textos que serán leídos a lo largo del viacrucis, inspirado por el camino de Jesús a la muerte en la cruz.
La Semana Santa proseguirá el sábado con la Vigilia Pascual, un acto lleno de solemnidad y simbolismo en el templo vaticano, y concluirá con la misa del Domingo de Resurrección o Pascua, seguida por la tradicional bendición ‘Urbi et Orbi’ (A la ciudad y el mundo)
La semana pasada la Gobernación del Vaticano había informado sobre la presencia para la Pascua de flores provenientes de Italia y Países Bajos. Pues bien, la parte correspondiente a Países Bajos ya está en camino a su destino.
Miércoles, 1 de abril de 2026 Países Bajos envía un mar de flores a la Ciudad del Vaticano para la celebración de la Pascua
Miles de flores bendecidas viajan desde Keukenhof hasta Roma para formar parte de las celebraciones de Pascua en la Plaza de San Pedro, en la Ciudad del Vaticano. Aproximadamente 7.000 flores recorrerán los 1.600 km desde los Países Bajos, tras haber sido bendecidas en Keukenhof Lisse por el obispo Hans van den Hende de Rotterdam, quien también preside la Conferencia Episcopal Neerlandesa, siguiendo una larga tradición.
Esta es la cuadragésima vez que se llevan flores holandesas al Vaticano para Pascua. La tradición comenzó en 1985 tras la visita del Papa Juan Pablo II a Utrecht. El arreglo floral causó tal impresión que ese mismo año se encargó a la industria florícola holandesa el suministro de flores para la beatificación del sacerdote holandés Titus Brandsma. Desde 1986, se ha mantenido como una tradición anual de Pascua.
Esta iniciativa dio origen a la famosa anécdota holandesa del Papa Juan Pablo II diciendo: “Gracias por las flores”.
Para esta edición se utilizará una enorme cantidad de flores y tallos, incluyendo 65.000 bulbos de tulipanes, narcisos y jacintos; 7.800 flores cortadas como rosas, crisantemos, gerberas y delfinios; y 600 ramas de árboles como abedules y sauces.
Decorarán la Plaza de San Pedro y la basílica para la Misa de Pascua, tradicionalmente celebrada por el Papa. Floristas y horticultores holandeses colaboran con las autoridades eclesiásticas para organizar este arreglo floral para las festividades.
Se prevé que las flores lleguen a Roma antes de Pascua, lo que permitirá colocarlas alrededor del altar y la Plaza de San Pedro. Floristas y decoradores locales de Roma se encargan de los preparativos para que todo esté listo para las festividades.
Las flores sirven de telón de fondo para la bendición Urbi et Orbi, un evento que se transmite cada año a más de mil millones de espectadores en todo el mundo a través de la televisión y la transmisión en línea.