En la mas reciente “hornada” de cardenales, la última de Francisco, fue creado cardenal el arzobispo de Argel, Argelia, Jean-Paul Vesco, O.P. El día de hoy capta la atención por haber corrido el maratón de Roma como integrante del equipo de Athletica Vaticana.
Este es un reporte de agencia EFE, Mar-22-2026.
Follow @SECRETUMMEUMRoma, 22 mar (EFE).- El maratón de Roma ha contado este domingo con un corredor insólito: un cardenal de la iglesia, el francés Jean-Paul Vesco, que se ha unido a miles de atletas para recorrer las calles de la ciudad y, de paso, superar su marca personal.
Vesco (Lyon, 1962) es conocido como el ‘cardenal maratoneta’ dada su pasión por dicho deporte y, aunque en el pasado se le ha visto entrenar por las calles de Roma, ahora se ha animado a la conquista de la carrera anual de Roma, el epicentro del catolicismo mundial.
La competición ha empezado esta mañana a los pies del Coliseo y ha transcurrido a lo largo de 42,195 extenuantes kilómetros, pasando por los principales puntos de la Ciudad Eterna hasta concluir en el Circo Máximo, el vestigio de un antiguo estadio imperial.
El purpurado se ha calzado las zapatillas, ha vestido las mallas y la camiseta con su dorsal y los colores blanco y amarillo de la bandera vaticana y ha echado a correr con las otras 32.000 personas de medio mundo inscritas este año al evento.
El objetivo, bajo un cielo que amenazaba lluvia, era disfrutar de este deporte, pero también superar su marca personal, de 2 horas, 53 minutos y 38 segundos lograda en la maratón de Nueva York en 1989.
Sorpresas del destino
El prelado siempre fue un apasionado del ‘running’ y, de hecho, de muy joven soñaba con convertirse algún día en un atleta profesional, especialmente de ‘cross’… pero el destino le deparaba sorpresas.
Vesco acabaría estudiando Derecho y ejerciendo como abogado en un despacho de París hasta que sintió la vocación sacerdotal durante una misa en 1994 y decidió tomar el hábito blanco de la Orden de los Predicadores, los dominicos.
Ordenado sacerdote en 2001, fue después enviado como misionero a Argelia, donde tiene nacionalidad. En 2012 se le nombró arzobispo de Orán y tres años después de Argel. Hasta que en 2024, el papa Francisco le elevó al mayor rango eclesiástico, el cardenalicio.
Por eso Vesco fue uno de los cardenales electores -y de los más jóvenes- que participaron en el cónclave que el pasado mayo eligió al nuevo papa, León XIV, también reconocido aficionado del deporte, especialmente del tenis.
Correr como terapia
En la víspera de la carrera, el cardenal y arzobispo de Argel ofició una misa en la céntrica iglesia de Ara Coeli para bendecir a los atletas participantes y en su homilía reflexionó sobre la importancia del deporte, tanto física como espiritualmente.
«La carrera ocupa un lugar importante en la vida de cada uno y cada una de nosotros. Es un deporte, pero aún más que eso, parece una terapia ya que contribuye en gran medida a nuestro equilibrio de vida. Sabemos lo dolorosos que son los periodos de lesión, y cuánto nos desestabilizan. Pero la carrera, y la maratón en particular, es sobre todo una escuela de vida», afirmó.
Sobre todo porque la belleza de este desafío físico reside en que «enseña la unidad».
«Mañana no correremos unos contra otros sino unidos con los demás, afrontando los kilómetros juntos, cada cual a su ritmo. No hay muchas competiciones en que se sea solo compañeros, no rivales», meditó.
Como prueba de ello, el purpurado confesó que correría junto a su «amigo y hermano» argelino Khaled, que padece cáncer desde una década: «Es mi héroe», reconoció.
Terminada la misa, el cardenal bendijo a los presentes, decenas de atletas de distintos países del mundo, y después rezó con ellos la ‘Oración del Maratoneta’.
La ‘Atletica Vaticana’
Pero en la carrera romana el cardenal no ha estado solo sino que corrió con el equipo de la ‘Atlética Vaticana’, integrada por religiosos, funcionarios o ciudadanos del pequeño estado pontificio.
Entre ellos había seis miembros de la Guardia Suiza, el ejército que protege a los papas desde hace siglos, y la monja francesa sor Marie-Théo, conocida como «la maratoneta de Dios».
La competición también ha bordeando la plaza de San Pedro del Vaticano, donde miles de fieles esperaban las palabras del papa León XIV por el Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico.
Nada más rezarlo, el pontífice estadounidense se refirió al maratón que pasaba bajo sus dominios para destacarlo como un ejemplo de convivencia por las múltiples nacionalidades de sus atletas.
«Esta es una señal de esperanza. ¡Que el deporte pueda trazar senderos de paz, inclusión social y espiritualidad», proclamó el papa.

