El Via Crucis Franciscano
La Oficina de Prensa de la Santa Sede, publicó al mediodía de hoy (tiempo de Roma), Abr-03-2026, las meditaciones para el Via Crucis (español) presidido por el Papa León XIV a realizarse en el Coliseo Romano y compuestas por el excustodio de Tierra Santa, el P. Francesco Patton, de la orden de los Frailes Menores. En una entrevista concedida a Vatican News, Abr-02-2026, el P. Patton brindó detalles sobre estas meditaciones.
Padre Patton, el Papa quiso confiarle a usted la redacción de las meditaciones que acompañarán el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo. Esto es un signo inequívoco de la atención del Santo Padre hacia Tierra Santa y hacia las tragedias que atraviesan los países de Oriente Medio.
León XIV, desde el día de su elección, ha invocado continuamente el don de la paz. Ha expresado cercanía y solidaridad no solo con Tierra Santa, sino con todos los países, poblaciones y personas que sufren a causa de la guerra. Esta, por cierto, ha sido la línea de la Iglesia durante más de 100 años, desde que el 1 de agosto de 1917 Benedicto XV se negó a bendecir a los ejércitos, definió la guerra que se estaba librando como una «matanza inútil» e instó a los responsables de las naciones beligerantes a lograr una paz justa y duradera mediante la negociación, el respeto al derecho internacional, la restitución de los territorios ocupados, el restablecimiento de la libre circulación y el desarme que libere recursos para invertir en el bien común y el desarrollo.
Desde entonces, la Iglesia siempre ha expresado cercanía a las poblaciones afectadas por la guerra y ha reiterado en múltiples ocasiones la condena de los conflictos armados, que continúan siendo una «matanza inútil». Casi todos los domingos después del Ángelus y cada miércoles al término de su catequesis en la audiencia general, el Papa Prevost ha insistido en la necesidad de alcanzar la paz —recalco, no solo en Tierra Santa sino en todos los países (unos 60) actualmente involucrados en guerras sangrientas. Y el pasado domingo usó palabras muy contundentes para rechazar la violencia perpetrada en nombre de Dios, diciendo que Dios no escucha la oración de los belicistas con las manos manchadas de sangre.
Imagino que para usted recibir esta invitación fue una sorpresa...
Una sorpresa muy grande, diría yo. Concretamente, fui contactado por la Secretaría de Estado, que me comunicó que el Santo Padre, coincidiendo con el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís, les había dado la indicación de pedirme que preparara las meditaciones. La situación me intimidó y, al mismo tiempo, me honró.
Al escribir estas meditaciones, ¿qué fue lo que más la inspiró?
Me inspiré en los textos de los Evangelios, privilegiando al evangelista Juan, que tiene una mirada profunda sobre el misterio de la Pasión del Señor; y también en los Escritos de san Francisco, que son una auténtica mina de espiritualidad cristiana. En las reflexiones y oraciones es evidente que la inspiración proviene también de la realidad actual y de personas concretas en las que —en estos años— he podido reconocer a los personajes del Vía Crucis. Cuando hablo del sufrimiento de las madres y las mujeres, se perciben de manera sutil mujeres sobre las que incluso L’Osservatore Romano ha escrito, y que hoy encarnan la figura de María, de la Verónica y de las mujeres de Jerusalén. Detrás de la reflexión sobre la concepción distorsionada del poder y el abuso del poder hay hechos de la crónica internacional que están a la vista de todos; el Cireneo tiene el rostro de muchos voluntarios y trabajadores humanitarios (y también de comunicadores) que he podido conocer en estos años y que arriesgaron su vida para cuidar de alguien o para dar a conocer la verdad, sin necesidad de ser cristianos. En las reflexiones, las situaciones concretas que se mencionan no buscan emitir un juicio sobre personas individuales, sino invitar a reflexionar, a hacerse preguntas y —si es necesario— también a cambiar. El mensaje es esencialmente religioso y quiere expresar la cercanía de Jesucristo, como Hijo de Dios encarnado, a cada persona humana. He intentado que el Vía Crucis del Coliseo se inspirara en el Vía Crucis que cada viernes realizamos a lo largo de la Vía Dolorosa, y al mismo tiempo que bebiera de la espiritualidad de san Francisco para ayudar a los creyentes a “caminar sobre las huellas de Jesús” y a los no creyentes a descubrir que a Jesús le importa cada uno de nosotros, y que en Él se puede encontrar esperanza y sentido de vida incluso para quienes ya lo han perdido. Mi deseo es que, al encontrarse con Jesucristo y caminar tras Él hacia el Calvario, cada persona perciba Su cercanía y Su amor; perciba que Jesucristo dio su vida por cada uno de nosotros y quiere llevarnos a todos a “volver al Padre” junto a Él, a encontrar la vida plena gracias a Él y a vivir la condición humana, que es finita y mortal, con el horizonte de la Pascua, de la Resurrección, de la vida eterna y de la participación en la misma vida de Dios.
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