No sabemos si es un discreto modo de intento de reparación del entuerto ese creado por Tucho con la nota doctrinal Mater Populi fidelis, pero bien podría servir en algo para el efecto. Nos referimos a un mensaje pontificio, “Mensaje del Santo Padre a la Pontificia Comisión Bíblica con motivo de la sesión plenaria”, que firma León XIV con fecha Mar-27-2026, Viernes de Dolores. La sesión plenaria se encuentra actualmente en desarrollo, del Lunes 13 al Viernes 17 de Abril 2026.
Pues bien, el pasaje del mensaje al que aludimos contiene los elementos para deducir que León XIV, citando a Juan Pablo II, se está refiriendo a la Corredención Mariana, aunque no lo pueda decir porque el prefecto Tucho ya prohibió que en documentos oficiales ese título no se podía usar “al momento actual”, solamente que lo aclaró en voz baja en una entrevista y no lo hizo de forma oficial, que es lo que se le solicita haga.
Este es el pasaje, según una traducción aparecida en el boletín diario de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Abr-13-2026.
Follow @SECRETUMMEUMContemplemos en particular a la Virgen sufriente junto a Jesús, al pie de la Cruz: Ella, como Madre, padece en el Calvario los sufrimientos de su Hijo y participa en ellos con un corazón lleno de fe, ofreciendo su desgarrador sufrimiento por el bien de todos. De este modo, su intercesión adquiere para nosotros un valor único.
El ejemplo de la Madre, en efecto, invita a cada creyente, además de orar por los hermanos, también a imitar la humilde ofrenda de sus propios dolores en unión con el Sacrificio de Cristo. En este sentido, cada uno puede decir con María: «Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24). Tal cumplimiento es real en nosotros, aunque no añada nada a la obra salvífica del único Redentor, que es perfecta, universal y sobreabundante: «El sufrimiento de Cristo ha creado el bien de la redención del mundo. Este bien en sí mismo es inagotable e infinito. Ningún hombre puede añadirle nada». [San Juan Pablo II, Carta apostólica Salvifici doloris (11 de febrero de 1984), 24] Ese cumplimiento significa más bien que cada persona que sufre se hace partícipe, es decir, se involucra en esa obra y la expresa con las características únicas que brotan de su propia historia. Cristo, en efecto, «ha abierto su sufrimiento al hombre, porque Él mismo, en su sufrimiento redentor, se ha hecho, en cierto sentido, de todo0s los sufrimientos, [...] enriquecidos con un nuevo contenido y con un nuevo significado». [Ibid., 20]
