El P. Bashar Fawadleh, párroco de Taybeh, el último pueblo cristiano de Cisjordania y a punto de la extinción, suministra unas declaraciones a agencia SIR, Sep-29-2026 (nuestra traducción).
Follow @SECRETUMMEUM“Proteger a los cristianos en Tierra Santa no significa simplemente proteger iglesias, monasterios y piedras. Proteger la presencia cristiana inicia por proteger a las personas y su derecho a permanecer en su propia tierra”. Así escribe el padre Bashar Fawadleh, párroco de Taybeh, el único pueblo completamente cristiano que queda en Cisjordania, en una reflexión enviada hoy a SIR. El sacerdote se inspira en el encuentro del 25 de septiembre entre el papa León XIV y la monja francesa agredida en Jerusalén. Un gesto que, observa, “no fue simplemente un gesto de consuelo a una persona herida”, sino que plantea una cuestión decisiva para el futuro de Tierra Santa: “¿Cómo proteger a la persona humana, su dignidad y su derecho a vivir en seguridad? ¿Y cómo preservar la presencia cristiana si incluso el simple hecho de permanecer en ella se convierte en motivo de preocupación?”. El padre Fawadleh invita a no transformar la agresión en una lectura ideológica o confesional: “La agresión a una religiosa en Jerusalén no puede reducirse a un enfrentamiento entre cristianos y judíos”, mientras que “la responsabilidad recae en el atacante, y toda forma de violencia debe ser condenada sin ambigüedades”. Sin embargo, añade que el incidente pone de manifiesto “un clima más amplio de tensión, violencia y miedo” vivido muchas personas, “en particular los palestinos de Cisjordania”. De ahí la referencia a Taybeh, donde la población afronta “agresiones contra los terrenos y la propiedad, incendios provocados, actos de vandalismo y movimientos de colonos armados cerca de las viviendas y los campos de cultivo”, así como a restricciones cada vez más severas a la libertad de movimiento y de trabajo. Una situación que el Patriarca Latino de Jerusalén, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, ha descrito como una “tierra sin ley”. Según el párroco, lo que ocurre en el pueblo “no debe interpretarse simplemente como una agresión contra los cristianos en cuanto tales”. Los habitantes de Taybeh, de hecho, comparten las dificultades que sufren muchas otras comunidades palestinas en Cisjordania. Sin embargo, subraya que el pueblo presenta una característica singular: “la persistencia del miedo, la presión y la emigración amenazan una presencia cristiana arraigada en esta tierra durante siglos”. “Este es el verdadero meollo del asunto”, escribe Fawadleh. Por lo tanto, plantea varias preguntas: “¿Qué valor tiene preservar una iglesia histórica si las familias que la frecuentan se ven obligadas a irse? ¿De qué sirve hablar de la importancia de la presencia cristiana si los jóvenes no encuentran trabajo, los agricultores temen llegar a sus campos y las familias consideran emigrar en busca de seguridad?”. Taybeh, concluye, “no pide privilegios ni protección a costa de los demás”, sino “seguridad, el estado de derecho, tutela de la tierra y de las personas, y la oportunidad de construir un futuro para los propios hijos”.
