Friday, July 31, 2026

Domus Paulus VI Se Convierte En Hotel

Si el nombre le suena pero no recuerda de dónde, preste atención al artículo y caerá en la cuenta.

Artículo de Il Messaggero, Jul-31-2026.

La Domus Paolo VI se transforma: de residencia sacerdotal a hotel de lujo

La reconversión de la histórica residencia Domus Internationalis Paulus VI en el centro de Roma en un hotel de cuatro estrellas ha generado controversia dentro del Vaticano, enfrentando la necesidad de ingresos con la preservación de la identidad eclesiástica del edificio.

Franca Giansoldati
viernes 31 julio 2026


Hasta el último momento intentaron impedirlo. Cardenales eméritos, ex nuncios apostólicos y monseñores residentes habían escrito a la Secretaría de Estado e incluso al Papa León XIV, pidiendo detener la transformación de la Domus Paolo VI, una de las históricas residencias sacerdotales de la Santa Sede, en una estructura hotelera de lujo. Sus cartas no cambiaron el curso de los acontecimientos. Ahora es el balance de 2025 de la APSA, la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, el que pone el sello definitivo a la operación, certificando oficialmente por primera vez la luz verde al proyecto.

Entre las intervenciones estratégicas ilustradas en el documento figura, de hecho, la reconversión de la Domus Internationalis Paulus VI, en via della Scrofa, en pleno centro histórico de Roma. El balance habla explícitamente de una "transformación en estructura hotelera", precisando que se han "obtenido las aprobaciones" necesarias y que, tras la identificación del futuro gestor, "se está a la espera de la firma del contrato preliminar". Se trata de la confirmación de una operación que durante más de un año alimentó el malestar dentro de los muros leoninos.

El histórico edificio, cuyas orígenes se remontan al siglo XV, fue destinado por Pablo VI a acoger cardenales, obispos y sacerdotes de paso. Durante años también vivió allí el cardenal Jorge Mario Bergoglio, cuando aún era arzobispo de Buenos Aires. Fue precisamente esta residencia la que se hizo famosa en marzo de 2013, pocas horas después de la elección de Francisco, cuando el nuevo Pontífice quiso regresar personalmente a la recepción para saldar la cuenta de su estancia. La imagen de Bergoglio en la fila del mostrador, tarjeta de crédito en mano, dio la vuelta al mundo y contribuyó a construir la imagen de un pontificado marcado por la sobriedad y la normalidad.

Hoy ese mismo edificio está destinado a cambiar de función. Su ubicación, entre via della Scrofa, Piazza Navona y el Panteón, lo convierte en uno de los inmuebles más apetecibles del patrimonio inmobiliario vaticano. La Santa Sede pretende concederlo en concesión por varias décadas a un operador privado que realizará la remodelación y gestionará el hotel. La decisión provocó una fuerte oposición interna. La protesta estalló después de que los residentes recibieran cartas en las que se les pedía desalojar los apartamentos para permitir el inicio de las obras. El caso se hizo público cuando el diario argentino La Nación difundió una carta firmada por cardenales y obispos residentes, preocupados de que una estructura creada para alojar al clero fuera apartada de su destino original.

Durante una asamblea con los huéspedes de la Domus, el monseñor portugués Mario Rui Fernandes Leite de Oliveira explicó entonces que la remodelación también era necesaria por problemas de seguridad del edificio. Según lo comunicado a los residentes, la Santa Sede no disponía de los recursos necesarios para financiar directamente una intervención estimada entre 50 y 60 millones de euros. De ahí la decisión de conceder el inmueble por unos treinta años a un operador privado, a cambio de un canon que debería garantizar al Vaticano cerca de cinco millones de euros al año.

Precisamente durante ese encuentro se pronunció una frase destinada a suscitar polémica: "Con el Santo Padre Francisco se había decidido que ciertamente no se podía hacer un hotel de cinco estrellas, por motivos de credibilidad e imagen; al final será solo de cuatro estrellas". Una afirmación que provocó no poca incomodidad, sobre todo porque Francisco había criticado en varias ocasiones a los institutos religiosos transformados en hoteles de lujo, denunciando el riesgo de que conventos y casas religiosas se convirtieran en simples actividades comerciales en vez de abrirse a los pobres, a los migrantes y a las obras de acogida.

El balance de la APSA demuestra ahora que el proyecto ha entrado en su fase final. La operación se inserta en el más amplio plan de valorización inmobiliaria iniciado por la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que prevé la desinversión o reconversión de los inmuebles considerados no estratégicos para generar nuevos ingresos y contribuir al reequilibrio financiero de la Santa Sede.

La transformación de la Domus representa la línea económica perseguida por la APSA, orientada a rentabilizar el patrimonio inmobiliario aunque reabre un interrogante: ¿hasta qué punto puede llegar la sostenibilidad financiera sin modificar la identidad y la función de inmuebles que, durante décadas, han representado una parte de la memoria y la vida de la Iglesia? Para muchos de los residentes desalojados, la respuesta ya ha llegado. Para el Vaticano, en cambio, el desafío será demostrar que la valorización económica no se traducirá en una pérdida de identidad.