Esta es una información de Il Messaggero, Jul-31-2026.
Misa en latín, León XIV no cambiará la línea de Francisco (lo aseguró el cardenal Roche)
Franca Giansoldati
viernes 31 julio 2026
Nada de un giro sobre la Misa en latín. Tras meses de rumores, expectativas y presiones del mundo tradicionalista, llega desde el Vaticano la desmentida más clara pronunciada hasta ahora. El Papa León XIV no tiene intención de modificar la Traditionis custodes, el motu proprio con el que Francisco en 2021 limitó drásticamente la celebración de la liturgia preconciliar, archivando de hecho el régimen de amplia liberalización introducido por Benedicto XVI con Summorum Pontificum.
Quien cerró el debate fue el cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, considerado desde siempre el principal intérprete de la línea litúrgica de Francisco. En una entrevista al semanario británico The Tablet, Roche excluyó cualquier cambio de rumbo: «No, el Papa León no modificará la Traditionis custodes y no volverá a Summorum Pontificum».
Palabras destinadas a decepcionar a aquella parte del mundo católico que, desde la elección de León XIV, esperaba una revisión de las restricciones impuestas por el predecesor. La expectativa estaba alimentada tanto por el perfil del nuevo Pontífice, considerado menos conflictivo en el plano litúrgico, como por algunas señales de apertura surgidas en los primeros meses del pontificado.
Para Roche, sin embargo, el tema no se refiere simplemente a la posibilidad de celebrar según el Misal de 1962. La cuestión, afirma, afecta directamente al significado eclesial de la Eucaristía. «Es un ámbito muy complejo, pero también muy importante, porque la Eucaristía es el sacramento de la unidad. Es el lugar donde todos deberíamos poder encontrarnos para celebrar juntos. Si la Eucaristía se convierte en motivo de división, entonces hay algo que no funciona».
El prefecto también se muestra poco inclinado a comprender las reivindicaciones de los grupos ligados al Vetus Ordo. «El Santo Padre ya les ha concedido la posibilidad de celebrar.
Entonces, ¿cuál es el problema?», observa, cuestionando lo que considera una actitud victimista. «Luego siguen diciendo que son perseguidos. ¿Pero perseguidos en qué sentido? ¿Por qué insisten en tocar una melodía en disonancia con la vida de la Iglesia?»
No sorprende que precisamente Roche se haya convertido, en los últimos años, en el principal blanco de las críticas del universo tradicionalista. Desde que dirige el Dicasterio para el Culto Divino ha apoyado con convicción la línea de Francisco, interpretando la Misa preconciliar como una concesión pastoral destinada a permanecer excepcional y no como una forma ordinaria de la vida litúrgica de la Iglesia.
Ya en 2022 había definido la celebración según el rito antiguo como una simple «concesión pastoral», sosteniendo que su difusión no podía convertirse en la normalidad, ya que el Concilio Vaticano II «cambió la dirección de la Iglesia». Un año después, en una entrevista a la BBC, reiteró el mismo concepto afirmando que, al haberse desarrollado la teología de la Iglesia, también la liturgia debía necesariamente evolucionar.
Fue precisamente durante su mandato que Francisco promulgó la Traditionis custodes, restringiendo sensiblemente los espacios para la liturgia tradicional y confiando a los obispos un control mucho más estricto sobre las celebraciones. Posteriormente el mismo Roche reforzó aún más la aplicación del motu proprio mediante una serie de respuestas interpretativas y rescriptos que limitaron aún más el uso del Misal de 1962.
La decisión de Francisco fue motivada por los resultados de la consulta mundial enviada a los obispos sobre la aplicación del Summorum Pontificum. Sin embargo, precisamente sobre este punto continúa concentrándose una de las principales objeciones de los tradicionalistas. La periodista estadounidense Diane Montagna ha sostenido, sobre la base de documentos internos publicados en los últimos meses, que la síntesis presentada al Papa no habría reflejado fielmente la orientación prevalente del episcopado. Según esa reconstrucción, muchos más obispos de lo que se había dado a entender habrían expresado un juicio favorable al mantenimiento de la disciplina introducida por Benedicto XVI. La Santa Sede no ha confirmado oficialmente esta interpretación, pero el caso sigue alimentando el debate.
La elección de León XIV había reavivado las esperanzas del frente tradicionalista. Varios cardenales y obispos favorables a una revisión de la Traditionis custodes han abordado personalmente el tema con el nuevo Pontífice. Entre ellos el cardenal Raymond Leo Burke, figura de referencia del tradicionalismo católico, que ha declarado públicamente esperar al menos un retorno al marco delineado por el Summorum Pontificum.
Algunas señales procedentes del nuevo pontificado parecían, de hecho, sugerir un enfoque menos rígido. En primavera León XIV había invitado al episcopado francés a identificar «soluciones concretas» para favorecer una «generosa inclusión» de los fieles sinceramente ligados al Vetus Ordo, respetando las indicaciones conciliares. También el cardenal Pietro Parolin, escribiendo en nombre del Papa, había asegurado que el Pontífice sigue con particular atención el desarrollo de las comunidades que celebran según el rito antiguo.
Es precisamente este el punto que hace especialmente relevantes las palabras de Roche. Más que desmentir un cambio de línea, el prefecto parece delimitar con precisión sus confines. León XIV parece dispuesto a favorecer un clima menos conflictivo y a alentar soluciones pastorales que eviten nuevas fracturas, pero sin poner en cuestión el marco jurídico construido por Francisco.
El enfrentamiento, por tanto, no parece en absoluto concluido. Al contrario. Si en el plano normativo la Traditionis custodes permanece intacta, en el plano pastoral continúa el pulso entre quienes esperan una progresiva distensión y quienes consideran que cualquier apertura corre el riesgo de reavivar una fractura litúrgica que Francisco había tratado de cerrar. La partida sobre la Misa en latín, al menos por ahora, cambia de tono pero no cambia de reglas.
La entrevista citada de The Tablet mayoritariamente no se relaciona con asuntos atinentes al dicasterio que conduce el cardenal Roche. Seguidamente traducimos la parte de él concerniente a la liturgia.
Follow @SECRETUMMEUM¿Será tan importante para el Papa León como lo fue para el Papa Francisco restringir la celebración de la Misa Tridentina?
“Bueno, permítanme decir, en primer lugar, que es un área muy compleja. Y es un area muy importante porque la Eucaristía es el sacramento de la unidad: es el lugar donde todos deberíamos poder estar juntos para celebrar la Misa. Así que si comienza a dividirnos, algo anda muy mal. Pero no, el Papa León no va a cambiar Traditionis Custodes, ni va a volver a Summorum Pontificum”.
“Es interesante. Cuando me reúno con grupos que quieren la liturgia antecedente, y les digo: ‘Bueno, el Santo Padre se la ha dado, ¿entonces cuál es el problema?’, no saben qué responder. Pero luego se van y dicen: ‘Seguimos siendo perseguidos’. ¿De qué manera perseguidos? ¿Por qué la banda sigue tocando una melodía que es discordante con la vida de la Iglesia?”
Entonces, si yo fuera una anciana que creció con la Misa Tridentina, ¿me diría Roche que la forma en que la practiqué de niña era incorrecta?
“No. Lo que hizo el Concilio Vaticano II fue afirmar que la Iglesia necesita ser más misionera de lo que había sido. Y que para preparar a las personas para la misión, el núcleo central de la vida de la Iglesia, que es la Eucaristía, debe nutrir a las personas de una manera diferente. La abundante enseñanza de las Escrituras que ahora se ofrece a través de la celebración de la Misa y los sacramentos es algo que antes no estaba disponible, pero ahora sí lo está”. Y mientras que en la Misa Tridentina se enfatiza que el sacerdote actúa en nombre de la congregación, “de hecho, cuando se celebra la Misa, dado que los bautizados son un pueblo sacerdotal, también celebran con el sacerdote”.
