Thursday, September 10, 2026

El Islam Y El Cristianismo Débil, Por El Cardenal Gerhard Ludwig Müller

Intervención del cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto emérito de la Congregación (ahora dicasterio) para la Doctrina de la Fe, durante la conferencia “Tavola di Assisi 2026”, organizada por el senador italiano Simone Pillon en colaboración con el diario La Verità. Transcripción y traducción hecha con base en la grabación de video publicado en Youtube, Sep-06-2026, realizada por Secretum Meum Mihi.

Queridos hermanos y hermanas, agradezco al senador Simone Pillone, a los relatores y a los participantes de la Tavola di Assisi 2026.

El tema que me ha sido asignado es la relación entre Occidente cristiano, el posthumanismo y el islam, a la luz de la lección de San Francisco, quien invitó al sultán a convertirse a Cristo.

Hoy nos enfrentamos a una crisis de tendencias sin precedentes. Occidente cristiano ya no se ve simplemente amenazado por fuerzas externas, sino que está plagado de apostasía interna. Asistimos al triunfo del posthumanismo, una ideología que, al intentar emancipar al hombre de Dios, termina destruyendo al hombre mismo, reduciéndola a materia manipulable, a un algoritmo entre algoritmos, despojándolo de su dignidad de imagen y semejanza del Creador.

Por otro lado, asistimos a la rigurosa expansión del Islam, una religión que, contrario de nuestro Occidente secularizado, no se avergüenza de Dios, no se avergüenza de la trascendencia, pero que propone, con una antropología y una revelación radicalmente diferentes de las del cristianismo.

En este escenario la pregunta fundamental que nos planteamos es: ¿la lección de San Francisco de Asís, quien hace 800 años visitó al sultán Malik al-Kamil invitándolo a convertirse a Cristo es todavía válida?

La respuesta de la teología católica y de la recta razón es una sola. Sí, es la única respuesta válida e indispensable.

Hoy, lamentablemente, cierta tendencia sentimentalista y relativista ha presentado a San Francisco como precursor del sincretismo moderno, profeta del diálogo pacifista, donde todas las religiones son iguales y nadie posee la verdad. Esta es una falsificación histórica y teológica. Francisco no fue a Egipto para tener un encuentro diplomático y para confirmar en su fe al sultán. Francisco fue al sultán impulsado por el amor a las almas y la certeza inquebrantable de que Jesucristo es el único salvador de todos los hombres. El verdadero amor por el otro no consiste en abandonarlo en el error, sino en anunciarle la verdad que libera.

La invitación a la conversión no es un acto de hostilidad ni un rezago de la intolerancia medieval; al contrario, es el acto de caridad más alto.

Si miramos al poshumanismo, Occidente ha perdido la fe porque ha perdido la razón. Creemos poder redefinir la naturaleza humana, el matrimonio, la vida y la muerte. Ante este mundo ambiguo, el Islam parece a muchos como una roca sólida, pero la respuesta al nihilismo occidental no puede ser someterse a una concepción de Dios que separe la fe de la razón o que conciba la omnipotencia divina como puro arbitrio.

La lección de San Francisco al sultán recuerda que la alternativa al nihilismo no es el fundamentalismo, sino Cristo, el Logos encarnado. En Cristo, la razón divina se hace carne y se revela al morir en la cruz.

El diálogo interreligioso, si quiere ser auténtico y respetuoso de la dignidad humana, no puede fundarse en la erosión de la propia identidad. Los musulmanes no respetan un cristianismo débil que se avergüenza de la cruz y se reduce a una agencia de benéficiencia o de guardianes del medio ambiente. Respetan a quienes creen. San Francisco mostró respeto por el sultán, precisamente porque le habló con la parresía del Espíritu Santo, ofreciéndo la propia vida como testimonio.

Podemos hacer lo mismo ofreciendo a las personas de fe musulmana que se acercan a nuestros países aquello mas precioso que tenemos, y eso es la conversión a la fe del único Dios verdadero, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Queridos amigos, Occidente se salvará del posthumanismo y no será asimilado por otras religiones solo si redescubre el coraje en la misión. No debemos tener miedo de proclamar la legalidad social de Cristo. Debemos volver a hablar con la misma humildad y el mismo fervor del Pobre de Asís: que fuera de Cristo no hay salvación.

La conversión que Francisco pidió al Sultán es la misma que debemos pedir hoy, en primer lugar a nosotros mismos, a una Europa que ha negado sus raíces y a todo aquel que busca la vanidad. Solo si Occidente vuelve a poner a Dios en el centro, el hombre volverá a ser verdaderamente humano. Muchas gracias a todos.