Thursday, August 27, 2026

Traditionis Custodes, Una Decisión Ni Sabia Ni Respetuosa, Humillación Para Benedicto XVI Mientras Todavía Estaba Vivo. Entrevista Con El Cardenal Robert Sarah

Nos parece importante resaltar las afirmaciones que hemos puesto en el titular porque, opinión particular nuestra, pensamos no son de la cosecha personal de quien las ha proferido sino obedecen a un hecho concreto, a una realidad. Y su paternidad corresponde al cardenal Robert Sarah, en unas declaraciones concedidas a Il Giornale, Ago-27-2026. Recuerde Usted que el cardenal Sarah fue el que coescribió un libro junto con Benedicto XVI, “Desde El Fondo De Nuestros Corazones”, que frenó las pretensiones del sínodo amazónico de introducir el caballo de Troya de los viri probati. En aquel entonces Francisco montó en cólera, aunque ese era su estado habitual, le tomó ojeriza a Mons. Georg Gänswein, secretario particular del Papa emérito, por no haber impedido que el libro saliera a la luz, y después maniobró mediante sus turiferarios para que la editorial no publicara más el libro como una coautoría entre Benedicto y Sarah, aunque la traducción en inglés de Ignatius Press siguió apareciendo como tal, sin modificación en su presentación. Así que si el cardenal Sarah está afirmando lo que está afirmando, no es una simple percepción suya sino fruto del trato que tuvo con el Papa emérito.

Esta es nuestra traducción de la entrevista con el cardenal Robert Sarah, aparecida en Il Giornale, Ago-27-2026.

«Pero la misa antigua es la que ayuda a los sacerdotes a celebrar mejor»

Nico Spuntoni


La denuncia de los abusos litúrgicos excesivos es uno de los caballos de batalla para el cardenal Robert Sarah, antiguo prefecto del Dicasterio para el Culto Divino. El purpurado ha vuelto a escribir en su último libro, El Cántico del Cordero. Música Sacra y Liturgia Celeste, escrito con Peter Cater y publicado por Cantagalli.

Su Eminencia, ¿Usted cree que existe aversión por el latín y el canto gregoriano en algunos sectores de la Iglesia?

«Me parece que la aversión de algunos círculos culturales autorreferenciales es más psicológica que realmente fundada, y pienso que es unicamente un problema anagráfico: cuando la generación del 68 desaparezca, también lo harán estos unilateralismos infundados que mortifican la estatura cultural misma del catolicismo latino».

Benedicto XVI estaba convencido de que la Forma Extraordinaria (la llamada Misa en Latín) podía influir positivamente en aquellas celebraciones de la Forma Ordinaria que carecían de sacralidad. ¿Tenía razón?

«Entre los efectos de la liberalización de la forma extraordinaria estaba la influencia positiva, incluso diría la corrección, de posibles abusos en la celebración de la forma ordinaria. Tales abusos son actos gravísimos con los cuales, sin embargo, nunca podemos identificar la forma ordinaria en sí misma. Muchos sacerdotes dan testimonio de que el descubrimiento de la forma extraordinaria les ha ayudado a celebrar mejor. Pienso que la intención de Benedicto XVI era también una actitud profundamente humilde y democrático: garantizar la máxima difusión para consentir al pueblo de Dios, a lo largo de las décadas, poder eligir cuál forma correspondiese mayormente a la implementación de la fe. Pero todo esto fue truncado por Traditionis Custodes mientras el Pontífice Emérito aún vivía».

¿Cuál es su valoración?

«No me pareció una decisión sabia ni respetuosa. Pero Benedicto, un hombre tan manso como un cordero, se dejó humillar y, así, en silencio y oración, ofreció su sufrimiento a Dios para identificarse mejor con el dolor de Cristo por su Iglesia y purificarla».

¿Qué piensa de la petición de abrogar las restricciones?

«El acceso a las formas rituales reconocidas y existentes por siglos jamás puede limitarse artificiosamente mediante decretos. Si un rito no sirviera a la fe, moriría autónomamente; si, por el contrario, custodia y promueve la fe, no lo limitemos, pues limitaríamos la preservación y la difusión de la fe misma».

¿Qué les diría a los muchos fieles atraídos por la liturgia antigua, pero que quizás tienen que recorrer kilometros para asistir a una misa?

«No puedo más que admirar esta gran expresión de amor a Dios. El fenómeno se está conociendo una difusión creciente. Si la jerarquía fuera realmente capaz de leer los signos de los tiempos actuales —y no los de 1968, que llegan todavía con retraso—, entonces se podrán abrir espacios de diálogo fraterno y sereno. No podemos como Iglesia hacer la guerra a quienes participan devotamente en la misa, sólo porque prefieren una forma en lugar de otra: esta es una actitud miope y del todo ideológica, por lo tanto no pastoral y no cristiana. Es perjudicial, destructiva para la Iglesia».