Thursday, June 18, 2026

«Me Cuesta Comprender Algunas Orientaciones Que Me Parecen Reabrir Heridas Que Apenas Habían Sido Curadas Tras El Concilio», Testamento Espiritual Del Cardenal Ruini

Las exequias del fallecido cardenal Camillo Ruini fueron presididas hoy por el propio Papa León XIV (segunda vez que preside las exequias de un cardenal) en el altar de la Catedra la Basílica de San Pedro. En su homilía, el Papa ha aludido tangencialmente el testamento espiritual del cardenal Ruini, citando una frase de él.

Horas después, Messa In Latino publicó el texto completo de dicho testamento espiritual, el cual data de hace diez años. La parte más sobresaliente de dicho testamento es un pasaje en el cual el cardenal Ruini declara sentirse incómodo con la dirección con la cual Francisco guiaba la Iglesia.

Este es un artículo al respecto de Il Messaggero, Jun-18-2026.

La última confesión de Ruini en su testamento: «Me cuesta comprender algunas de las opiniones del Papa Francisco»

Franca Giansoldati
jueves 18 junio 2026


La publicación íntegra del testamento espiritual del cardenal Camillo Ruini, difundido por el sitio Messa in Latino pocas horas después de los funerales celebrados por el Papa León XIV en San Pedro, añade una pieza importante para comprender a una de las figuras más influyentes de la Iglesia italiana de la segunda mitad del siglo XX. No se trata de un documento político ni de un balance eclesiástico. Es más bien una larga oración, escrita en 2016, cuando el ex presidente de la CEI comenzaba a enfrentarse con el declive físico y con la progresiva salida de la escena pública. Sin embargo, entre líneas también emergen algunas reflexiones destinadas a suscitar interés, sobre todo las dedicadas al pontificado del Papa Francisco.

Ruini, que tras la elección de Jorge Mario Bergoglio había manifestado entusiasmo y apoyo, no esconde de hecho una incomodidad que fue madurando en los años siguientes. Lo hace con el tono de quien no quiere polemizar, sino interrogarse ante Dios. «Cuando fue elegido el Papa Francisco me alegré y, en la medida de lo posible, fui enseguida uno de sus partidarios. También hoy me alegro y le agradezco por su extraordinario impulso evangelizador», escribe.

Pero acto seguido añade palabras que retratan una de las inquietudes que han atravesado a una parte significativa del catolicismo italiano y europeo durante el pontificado de Bergoglio: «Debo confesar que me encuentro en una situación de incomodidad, no por motivos personales, sino porque me cuesta comprender algunas orientaciones que me parecen reabrir heridas que apenas habían sido curadas tras el Concilio».

No es una crítica frontal. Es más bien la confesión de un hombre que, aun permaneciendo profundamente fiel al Papa, tiene dificultades para comprender algunas dinámicas eclesiales. No en vano el pasaje concluye con una profesión de confianza: «Pido humildemente al Señor que me convenza interiormente de que la Iglesia es suya y que Él mismo la cuida, más allá de nuestras visiones humanas».

La reflexión adquiere un significado particular si se lee a la luz de la historia personal de Ruini. Durante décadas fue uno de los intérpretes más autorizados del magisterio de Juan Pablo II y luego uno de los colaboradores más cercanos de Benedicto XVI. Su referencia constante sigue siendo el Concilio Vaticano II, que en el testamento es recordado con palabras de profunda gratitud. «Te agradezco por el Concilio Vaticano II, por haberlo vivido y hecho vivir con alegría en Reggio Emilia y también por haberme dado la lucidez y la fuerza de oponerme a las derivas posconciliares».

En estas líneas emerge uno de los elementos centrales de su visión eclesial. Ruini siempre se consideró un hombre del Concilio, pero de un Concilio interpretado en la continuidad de la tradición y no en la ruptura. Probablemente es esta sensibilidad la que explica la incomodidad expresada ante algunas evoluciones posteriores, sin embargo, nunca llegando a la contestación de la autoridad pontificia.

Por lo demás, el documento está atravesado por un tono profundamente personal. El verdadero interlocutor no es el lector, sino Dios. Ruini repasa las figuras que han marcado su existencia: los padres, la hermana, el párroco, los colaboradores más cercanos, los secretarios que lo han acompañado a lo largo del camino eclesial. Más que un testamento público, parece un examen de conciencia encomendado a la misericordia divina.

Llaman especialmente la atención las páginas dedicadas a la vejez. En 2016 el cardenal ya había percibido el inicio del declive físico y la progresiva marginación de su papel público. Lo acepta como una forma de preparación para el encuentro definitivo. «Señor, ayúdame a acoger la pequeña cruz de mi decadencia, por ahora física, y la progresiva extinción de mi papel: es la gracia que ahora me das para prepararme mejor al encuentro contigo».

Son palabras que hoy asumen un valor casi profético. Ruini, que durante más de veinte años fue considerado uno de los hombres más influyentes de la Iglesia italiana, interpreta la pérdida del poder y de la visibilidad como una última escuela de fe. Ninguna nostalgia, ninguna reivindicación, sino la conciencia de que incluso el ocaso puede convertirse en una forma de gracia.

El documento se cierra con una de las invocaciones más intensas: «Señor, Dios fiel, no te canses de amarme y de llamarme, de convertirme. Padre rico en misericordia, concede a mí y a todos mis hermanos en humanidad la gracia de la perseverancia final».

Al final, más que las reservas sobre Francisco o las reflexiones sobre el Concilio, quizá esta sea la verdadera herencia que surge del testamento: la fe de un hombre que, tras haber atravesado como protagonista medio siglo de historia eclesial y política italiana, se presenta ante Dios no como un príncipe de la Iglesia, sino como un creyente que sigue pidiendo misericordia.