Al finalizar la conferencia de prensa durante la cual se presentó la nota doctrinal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe “Una Caro, Elogio De La Monogamia”, Nov-25-2025, el secretario para la sección doctrinal, Armando Matteo, dejó en claro que Francisco les había dado mandato para que elaboraran documentos sobre varios temas y que de dicho mandato todavía estaba pendiente la publicación de uno sobre la transmisión de la Fe, con el cual finalizaba el encargo que con ese mandato les había hecho Francisco.
En una entrevista que publica hoy Il Giornale con el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, cardenal Víctor Manuel Fernández, en una de las respuestas, para sorpresa nuestra, afirma que del Papa León ese dicasterio no ha recibido ningún encargo especial y que ya con el trabajo que existe consistente en preguntas que llegan de los obispos y de los demás dicasterios de la Curia, tienen suficiente trabajo: “El Santo Padre intenta no añadir más compromisos”.
En otra de las preguntas se indaga precisamente por el tema de la transmisión de la Fe, que es el tema del cual dijo Matteo se trata el documento que aún no se publica, y esperaría uno que esa hubiera sido la ocasión para que el prefecto adelantara en qué estado están los trabajos de dicho documento, pero no, no dijo nada ni hizo alusión a que estuviera pendiente de publicar.
Esta es una traducción de Secretum Meum Mihi de la aludida entrevista.
Follow @SECRETUMMEUMCardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, El 21 de abril se cumplirá el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco: ¿cuál es su último recuerdo?
«En una de las últimas audiencias que tuve con él, cuando ya casi no hablaba, me miró, me sonrió y repitió una frase que ya me había dicho en el pasado, en momentos muy importantes: ‘Humíllate y confía’».
¿Qué quería decir?
«Renunciar a toda forma de orgullo y tener manifestaciones de humildad, porque de este modo Dios podría haber hecho una gran obra a través de la propia persona».
Mirando atrás estos 12 años de pontificado, ¿cuál es el momento que más le ha impresionado?
«La primera vez me llamó siendo Papa y las primeras palabras fueron: Soy Bergoglio. Parece algo banal, pero creo que dice mucho de la humildad de este hombre».
¿Hay alguna decisión o texto que, en su opinión, haya cambiado la forma de vivir de la Iglesia?
«Su insistencia en pedir hablar desde el corazón del Evangelio, como anuncio de amor infinito. Además, el hecho de aplicar la jerarquía de las verdades no sólo al ecumenismo, sino a toda predicación y a la evangelización. Los efectos fueron enormes. A esto se suma la condena de la pena de muerte, a la que lamentablemente los grupos más tradicionalistas todavía se resisten».
¿Hay algo de su magisterio en peligro de desaparecer hoy?
«El Papa León ha expresado de diversos modos la necesidad de continuar implementando el magisterio de Francisco. Por ejemplo, antes del consistorio, nos pidió a los cardenales que volviéramos a leer Evangelii gaudium y luego nos invitó a reflexionar nuevamente sobre su aplicación. Ahora ha convocado a los presidentes de las Conferencias Episcopales para retomar la recepción de Amoris laetitia. Son señales que nos ayudan a descubrir que Francisco no está bajo tierra. Ciertamente, para quienes rechazaron todas sus enseñanzas o para quienes sólo aparentemente lo aceptaron, su pontificado habrá sido sólo un mal paréntesis (olvidando la hermenéutica de la continuidad)».
Algunos comentaristas sostienen que con el Papa León se está cancelando la temporada bergogliana, ¿es así?
«Cada Papa tiene su estilo personal y sus prioridades, pero decir que el Papa León quiere cancelar lo que se hizo durante el pontificado de Francisco es deshonesto. Cada Papa que llega recoge los frutos de su predecesor y trabaja por el bien de la Iglesia, avanzando. Hay muchos puntos en común entre León y Francisco, más que contrastes deberíamos ver complementariedad».
¿Cuáles son las cuestiones más urgentes que el Papa les pide abordar como Dicasterio para la Doctrina de la Fe?
«Son tantas peticiones procedentes de los obispos y de los otros dicasterios que el Santo Padre intenta no añadir más compromisos. Sigue con mucha atención los informes que le doy en las frecuentes audiencias y siempre responde con claridad a las preguntas y dudas».
Hoy muchos no rechazan la fe, pero la consideran innecesaria: ¿cuál es el punto de partida para recomenzar?
«La experiencia. Por un lado, la experiencia que cada uno tiene de insatisfacción, de vacío, de falta de sentido de la vida, pero también el sueño de una verdadera fraternidad, las necesidades espirituales que nunca desaparecen del todo. Y por otro lado, nuestra invitación a probar la experiencia de una amistad con Cristo que ilumina, que ofrece sentido, con la certeza de ser amado».
La transmisión de la fe está en crisis: ¿es más bien una crisis de contenidos, de lenguaje o de experiencia concreta?
«Vivimos una enorme distracción, el exceso de ruido de las redes sociales y del mundo en general. Pero tarde o temprano todos nos cansaremos de las distracciones que no nos dejan más que superficialidad».
¿Cómo debería ser hoy la vida parroquial para que la fe no quede abstracta?
«Una comunidad llena de carismas, donde todos experimentan la libertad y el aprecio de los demás para hacer florecer estos dones con alegría y esperanza. Nace así una comunión llena de riqueza, de colores y de encanto. Al mismo tiempo, llena de diferentes espacios del encuentro personal con Cristo. Y subrayo ‘diferentes’ porque las sensibilidades son diferentes».
En este momento histórico de la Iglesia, ¿cuál es una opción concreta —incluso difícil— que Usted cree es inaplazable y que podría marcar verdaderamente el futuro de la vida cristiana?
«La de dejarse guiar por el Espíritu Santo sin miedo, sin oponer resistencia, sin el apego a lo que siempre hemos dicho y hecho. Pero esto no quiere decir apego a las propias ‘novedades’. Debemos hacer el esfuerzo todos, conservadores y progresistas, porque en todos existe la tentación de encerrarse en los propios patrones y esquemas, y esa no es la libertad del Espíritu».
